Los vientos de la mar son demasiado cálidos y secos, me debo haber equivocado de isla, no hay vegetación, solo arena, nada donde esconderse del brillante sol, hay que meterse en casa en una habitación donde ni la luz perdida llegue y dejarse llevar por la soledad y el silencio, descanso cerebral o agonía del tiempo mental, sucesión de imágenes moldeadas, en un “sindescanso”, desde que nacemos, silencio actúan nuestros medicamentos.
Al anochecer busco un jardín en el que guardarme pero no lo encuentro así es imposible que de con Julieta.
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